ERROR Han pasado alrededor de sesenta años y todavía tengo grabada en mi memoria la imagen de ese niño tumbado en la cama con los brazos cruzados y las manitas apoyadas a la altura del pecho. Vestido con sus mejores ropas se ha instalado para siempre en mis recuerdos. Nunca se le ocurriría a una maestra de hoy día hacer pasar a una escuela entera delante de un niño muerto, pero en los sesenta las cosas se median de otra manera. Entonces no se pensaba en secuelas o daños psicológicos, todo era más rudo , e incluso, es probable que pensaran que cuanto antes nos acostumbráramos a las desgracias mejor nos enfrentaríamos al futuro y más fuertes y seguros creceríamos. Nos pusieron en fila y uno a uno fuimos depositando un beso en la fría mejilla del difunto. Ante la conmoción que supuso esta muerte para todo el pueblo , alguien comentó, seguramente otra niña, que Ube (el hijo del alcalde ) l...